24 – 10-05 CARTA DE NOELIA LYNCH
Cdad. de Buenos Aires, 19 de octubre de 2005
A
las autoridades, profesores y compañeros del profesorado de
Quizá sea un poco ingenuo de mi parte pensar que si les hablara, si les contara, podrían comprender, podrían recordar, podrían aceptar, recapacitar, recomenzar, revalorizar, volver a soñar.. Y no pensar que esta carta irá al montón de papeles que acumulan sobre el escritorio, la mesa o la mochila...
Esta carta quizá sólo hable de mí pero en mí, tal vez, se reflejan muchos otros. Estoy atravesada por la historia como cada uno de ustedes, por eso me atrevo a escribirles.
Últimamente pensaba que ya no creía en nada ni en nadie, sólo en el amor de mi hija. Pero conviviendo con ustedes aquí, quizás haya comprendido algunas cosas de la vida y entonces me di cuenta de que sí creo en algunas cosas.
Yo no sé si soy moderna o posmoderna. No sé cuál es mi cosmovisión, pero hay algo de lo cual sí estoy segura, hay algo en lo que creo y es que nada se logra desde el oscuro y frío lugar del individualismo.
Creo en las construcciones colectivas, en la lucha compartida, en el deseo sincero de que el mundo sea más justo, que de alguna forma los que me rodean tengan una vida plena. Creo que el conocimiento, (sí, Laura) puede ser reconfortante, puede abrir un sinfín de puertas a otros mundos inimaginables, que el conocimiento también puede ofrecer momentos de felicidad.
Creo que la conciencia social a veces es profundamente dolorosa pero confío en la posibilidad de convertirla en el combustible de mis actos, de mis sueños.
Creo en mis compañeras y compañeros de ruta de los últimos dos años, porque los veo consecuentes con su discurso y accionar. Creo en Emilia por su entrega, por su fuerza inacabable, en su deseo de conocer y ayudar a otros; creo en su voz potente que desea hacerse escuchar que no tolera las injusticias. Ojalá ustedes profesores y autoridades puedan ver en ella algo más que su color de voz o cierto tono agresivo, y puedan ver en ella la excelente maestra, compañera en que se convierte día a día.
Creo en la entrega de mis profesoras Marta, Mónica, Julia, Elisa... quienes aún siendo tan diferentes entre ellas, dan todo de sí en el día a día.
Creo en la voluntad de Betty y la vocación de Alicia en su laboratorio siempre abierto.
Creo que es posible que desde nuestro espacio pueda construirse una realidad diferente, que la institución pueda convertirse en una verdadera “Comunidad” (común unión) entre ustedes los experimentados y nosotros los aprendices, caminando juntos en el desafío, apoyándonos, modificando, discutiendo, polemizando, porque no es estéril la discusión si trabajamos juntos y activamos y damos curso a las ideas que surgen, quitándonos de encima el peso de la burocracia, si tenemos el valor de luchar por lo que creemos.
Creo en la pedagogía de la pregunta.
Creo que se puede educar para la libertad y no para el adoctrinamiento.
Creo que se puede educar por el arte para la libertad y no para la opresión.
Por favor, no permitan que todo pierda sentido, por favor, no permitan que pierda las fuerzas antes de llegar al aula.
No me echen de sus cátedras, no me reduzcan al papel del escucha pasivo, no me impidan descansar, no me discriminen por mis particularidades, no me degraden por mi mala formación anterior, no me subestimen ni me humillen, no me insulten, no me falten el respeto, no murmuren tras de mí porque todavía creo, poseo el sueño de un país, de una humanidad más justa; no crean que son sueños adolescentes, no me inviten a conformarme, no me insten a callar y soportar como si el sacrificio de la resignación y el silencio fuera la única opción.
No me expulsen de la institución porque debo elegir entre contraturno y trabajo, no me impidan transitar por la escuela con el acompañamiento de ese otro compañero, porque el trabajo docente debe ser un trabajo cooperativo, un trabajo grupal colectivo, donde todos aportemos ideas. No me obliguen a transitar por las prácticas intensivas separándome del resto, retrasándome porque elijo trabajar para vivir, no vacíen de contenido nuestras cátedras pasando horas haciendo maquetas que no usaré, porque uno utiliza el material didáctico con el que se siente cómodo, que sabe que puede hacer bien. Permítanme elegir, permítanme defender lo que creo que es justo, permítanme apropiarme y apropiarnos del espacio de aprendizaje, permítanme disentir con sus didácticas si las veo éticamente inviables, si ellas van contra mis valores y convicciones más profundas, permítanme hacer parte a mis compañeros de mis inquietudes.
Seremos maestros. Cientos de niños pasarán miles de horas con nosotros, les debemos el trabajo arduo, la reflexión constante, les debemos un mundo diferente.
Les pido, por favor, Fórmenme con Excelencia, con Compromiso, con Justicia, con Humanidad. Acepten que debata, acepten que cuestione, acepten que soy adulta, acepten que el mundo es “polifacético y multicolor”, que cada uno de nosotros está aquí también por una profunda convicción, con una historia personal, con una individualidad pero dispuestos a ser parte de un Todos.
Si, ya lo sé, también hace tiempo que comprendí que la educación no fue pensada para transformar nada, y que está atravesada de cuajo por proyectos políticos y económicos que a veces exceden nuestra capacidad de asombro, que es un medio de adoctrinamiento social, donde aprendemos a callar, a obedecer, a ser humillados, donde se nos enseña que no importa si fue injusto, sólo importa el pasar, pasar y dejar atrás. Nos enseñan a no ser consecuentes con lo que leemos, decimos o pensamos. Cada día me pregunto ¿cuándo dejaremos de ser tan hipócritas? ¿cuándo aceptaremos que nuestros discursos se caen , se deshacen en la práctica?
Mi Nombre es
Noelia Raquel Lynch, tengo 29 años nací en marzo de 1976 y llevo casi 26 años de escolaridad primaria, secundaria, terciaria y universitaria, no milito en ningún partido
político y tengo una gran indefinición partidaria, a veces participo en las reuniones del centro
de estudiantes aunque admito que hasta ahora
no me he comprometido con la seriedad que se merece. He crecido en la
jungla de la dictadura, el neoliberalismo, en la decadencia más profunda de
nuestro país y me enseñaron que las
utopías se perdieron, que el mundo está
inmerso en una debacle social e histórica. Pero saben qué, yo no estoy dispuesta
a aceptar todo tan fácilmente.
En el día de ayer por primera vez, me levanté de un salón junto con otros compañeros, porque no estoy dispuesta a que me intimiden con el poder que posee un profesor dentro de un aula, porque mi indignación tocó su punto máximo, porque si nuestros profesores son nuestros referentes inmediatos, me niego a aceptar esa actitud inhumana y autoritaria, porque el respeto fue violado en todos sus sentidos, porque no puedo avalar que un docente no sea capaz de escuchar el pedido civilizado y justificado de sus alumnos por un cambio de actitud. Porque me cansé de que por los pasillos todos me digan que están hartos de que nadie los escuche, que tantos se sientan temerosos por el abuso de poder, que tengan miedo a represalias ( ¿se dan cuenta de la gravedad?), porque ya no puedo tolerar que mis compañeros me digan a diario que todo es una mentira, que no pueden tomarse en serio nada porque la situación los/nos rebasa, nos excede, porque amerita un cambio y una toma de decisión, porque todos juntos debemos reflexionar, Ahora.
Y si ahora me quedo sola con esta carta, me daré cuenta de que realmente, ya nada tengo que hacer dentro de estas aulas, porque si no soy capaz de movilizar a mis compañeros, a mis docentes, ¿ cómo seré capaz de conmover a mis alumnos, de comprometerlos, de mostrarles que la vida es única, increíblemente valiosa, y que aún estamos a tiempo de modificar algo?
Es un pedido desesperado, sí, pero al menos así sabré que hice mi máximo esfuerzo, porque creo en la palabra escrita, porque creo que del otro lado, vos, usted lector, compañero, autoridad profesor, cree igual que yo, pero quizás en algún momento se cansó de luchar. Yo le ofrezco mis fuerzas, mis ganas, mi entrega...
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Cuando ya nada se espera personalmente exaltante Cuando se miran de frente Se dicen los poemas Con la velocidad del instinto, Poesía para el pobre, poesía necesaria Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan |
Maldigo la poesía concebida como un lujo Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren Quisiera daros vida, provocar nuevos actos, Tal es mi poesía: Poesía-herramienta No es una poesía gota a gota pensada. Son palabras que todos repetimos sintiendo GABRIEL CELAYA ("Poesía urgente")i |
Alumna del profesorado para
la educación primaria
Cursando
el taller 4 , en instancia de prácticas
noemaga@yahoo.com