Profesorado de
Enseñanza Primaria
El rol docente
y los paradigmas históricos
Realizado
por:
Nadia Baña
Maneiro
Julieta
Buschiazzo
Romina
López
22 de junio
2004
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Introducción
En este trabajo hablaremos del rol que cumple el
docente en la sociedad actual y el que cumplió a lo largo de la historia,
tratando de caracterizar esta función de acuerdo con los diversos paradigmas
históricos.
Nuestro objetivo es analizar esta situación para
comprenderla y construir herramientas intelectuales propias, que nos permitan
hacer frente a las posibles situaciones que deberemos enfrentar al momento de
desempeñarnos como maestros.
Intentaremos abordar la problemática del
asistencialismo en nuestros días procurando encontrar las soluciones posibles
que le permitan al docente
satisfacer las cuestiones sociales sin desatender su función educativa.
Consideramos que es de suma importancia que ningún maestro pierda de vista el
objetivo fundamental de la educación pero también es cierto que un niño que no
está correctamente alimentado no se encuentra en óptimo estado de
aprendizaje.
Por otro lado las condiciones en las que los
docentes se encuentran desempeñando sus funciones no son las adecuadas, esto se
debe a un creciente desprestigio de la labor educativa impulsado principalmente
por los organismos gubernamentales.
Somos conscientes de que la situación actual de
la educación (instituciones, docentes, alumnos, etc.) es consecuencia de una
multiplicidad de factores políticos, económicos, sociales y culturales.
Producir modificaciones dentro de las
instituciones, en ocasiones puede resultar sumamente difícil debido al fuerte
arraigo de ciertas posturas tradicionalistas por parte de sus miembros, que
consciente o inconscientemente se transforman en instrumentos del autoritarismo,
o bien del sistema político vigente.
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Desarrollo
A lo largo de toda la historia el docente fue
utilizado como instrumento del Estado, siendo víctima de sus políticas,
adaptando su modo de trabajar según las ambiciones de los gobiernos de turno. En
muchas ocasiones se aprovechó el rol social del docente para manipular las
ideologías desde la educación como así también para disciplinar a los diversos
sectores sociales. Para abordar esta problemática es necesario partir desde las
primeras políticas educativas que tuvieron lugar en nuestro
territorio.
Durante la vigencia del Virreinato del Río de la
Plata como gobierno de América el paradigma educativo era "educar al buen cristiano", labor que
estuvo monopolizada por la Iglesia Católica como institución de adoctrinamiento
de fieles y súbditos. Estaba destinada al alto clero (hijos de conquistadores y
colonizadores) y a la domesticación de los indios. El acceso a la educación era
profundamente desigual, las castas (negros, mulatos, zambos y cuarterones)
estuvieron excluidos de todos los institutos de enseñanza.
Los docentes respondían a las imposiciones de la
Iglesia y por consiguiente a las de la Corona Española. No todos los que
desempeñaban esta función estaban capacitados para hacerlo y era muy habitual
utilizar el castigo físico como método disciplinador.
Luego de la revolución de 1810 se produjeron
algunas modificaciones en cuanto a la educación. El paradigma correspondiente a
este periodo es "educar al
patriota".
Manuel Belgrano fue uno de los mentores de los
cambios que se instauraron durante ese periodo en materia de educación. Dictó el
reglamento para las escuelas del norte, que determinaba que los establecimientos
tenían que ser estatales, administrados por los Ayuntamientos y en su entrada
debían fijarse las armas de la Soberana Asamblea Nacional Constituyente del año
1813, ritual de gran importancia ya que distinguía a la escuela del naciente
Estado argentino de las parroquiales y de las viejas escuelas del rey, que
agonizaban o revivían como escuelas de la Patria. En este reglamento lo nacional
prevalecía sobre lo extranjero. Belgrano entendía que la educación pública era
fundamental para lograr la independencia de la sociedad. Igualmente en el
reglamento se le otorgaba un papel importante a la educación católica. El modelo
disciplinario era más avanzado que el colonial, se reduce la cantidad de
castigos físicos. Tomando como antecedente este reglamento, la Asamblea
Constituyente abolió los castigos corporales en las aulas.
El sistema escolar argentino fue producto de la
transformación de las instituciones educativas coloniales. Recibió influencias
de los sistemas europeos y norteamericanos, pero las verdaderas modificaciones a
las que apuntaba el gobierno de la época (métodos, contenidos, normas
disciplinarias y costumbres escolares, modalidades educativas muy arraigadas en
la sociedad) no se produjeron rápidamente sino que fue un largo proceso que
abarcó todo el siglo XIX. Un ejemplo de esto es que Sarmiento denunció la
utilización de métodos de tortura en las escuelas.
La estructura del vínculo pedagógico siguió el
modelo de la evangelización, los conocimientos adquiridos por los alumnos en su
comunidad eran descalificados y se les exigía una fe plena hacia las verdades
transmitidas por el docente.
También en este momento histórico el rol docente
se vio influenciado por las disposiciones provenientes del Estado, como así
también de la Iglesia Católica en la medida en que esta incidía en el gobierno.
La formación de los ciudadanos, que quedaba en manos de los docentes de la
época, estaba regida por el autoritarismo y el abuso de poder avalado por el
estado.
Con la llegada de Rosas se abre en nuestra
historia educacional un capítulo totalmente nuevo: la intervención de la
autoridad gubernamental para imponer su ideario político. Esto nos hace entrar
en un nuevo paradigma histórico: "educar
al hombre dogmático".
El régimen instaurado por Rosas sostuvo la
defensa del orden educativo colonial, coherente con el nacionalismo católico y
conservador; dispuso una homogeneización de los programas escolares, adecuando
sus contenidos al dogma federal; exigió a los docentes que firmaran un
certificado de adhesión al gobierno dejando cesantes a quienes se negaron e
impuso a los docentes el uso de la divisa punzó; borró del presupuesto los
salarios docentes y se estableció que los padres pagaran los gastos
correspondientes a la educación de sus hijos. Aquellas escuelas que no podían
hacer frente a esta situación fueron clausuradas. Estuvo en contra de la
obligatoriedad escolar y de la educación pública, se trataba de transferir las
escuelas estatales al sector privado, pero más allá de esto la enseñanza debía
ser acorde con la ideología del gobierno y de la Iglesia. Adjudicaba a la
educación un papel más ligado al orden que al trabajo.
Durante el período anterior al gobierno de Rosas
ingresaron al sistema educativo gran cantidad de escuelas de origen inglés, lo
que trajo como consecuencia la divulgación del protestantismo. Para
contrarrestar esta situación Rosas entregó la administración de la educación a
los jesuitas, para de esta manera fortalecer el culto católico en nuestro
territorio. Cinco años después fueron expulsados nuevamente por posibles
vinculaciones con miembros del partido unitario.
Este período estuvo estigmatizado por el
desinterés del gobierno por la educación pública.
Es evidente que el rol del docente fue promover
el dogma del Estado, convirtiéndose en instrumento o transmisor de la ideología
dominante. Fue uno de los momentos de mayor censura y desprestigio del papel del
maestro a lo largo de la historia.
A partir de la Constitución de 1853 se produjo
una transformación de la Argentina, se comenzaba a construir un Estado
Republicano. El paradigma educativo era "educar al ciudadano
soberano".
Se buscaba una reforma nacional eliminando los
restos indígenas e hispánicos, afianzando la paz interior y el ejercicio
político de todos los ciudadanos. En dicha Constitución se establece que las
provincias deben asegurar la educación primaria y que el Congreso debe dictar
planes de instrucción general. Luego de la caída de Rosas se restituyeron los
presupuestos destinados a educación, para ello se creó el Departamento de
Escuelas, cuyo director era Sarmiento. Apuntaba a la generalización de la
educación básica, mientras que Mitre apuntaba a que el sistema educativo
argentino esté destinado a la clase dirigente.
Durante la presidencia de Mitre se mantuvo una
tendencia centralizada y elitista de la dirección del sistema educativo. Luego
de la batalla de Pavón se consolidó la unidad nacional y abrió las puertas para
el proyecto pedagógico centralista de la oligarquía.
Mitre nombró a Sarmiento Ministro de Gobierno y
luego fue nombrado Gobernador Militar de San Juan. Sancionó la primera ley de
educación en la cual estableció un fondo estatal permanente para su
funcionamiento, afianzó el cumplimiento de la obligatoriedad escolar, autorizó
las subvenciones a establecimientos particulares y extendió notablemente la red
escolar.
En 1868 accede a la presidencia de la República.
Era su meta la extensión del sistema de la educación pública hasta abarcar el
conjunto de la población educable. La educación actuaría sobre la sociedad
haciendo posible el progreso. El objetivo buscado, tanto por Mitre como por
Sarmiento, era vencer definitivamente a la barbarie.
La orientación predominante de la clase
dirigente respecto a la formación de sus hijos era
enciclopedista.
En 1870 se fundó la Escuela Normal del Paraná.
Este surgimiento se debió a que con anterioridad Sarmiento no consideró
necesaria su introducción a la educación argentina ya que creía suficiente la
buena voluntad de las personas encargadas de la enseñanza. A partir de ese
suceso se crearon treinta y ocho escuelas normales en todo el
país.
En este momento histórico el rol docente comenzó
a ser valorado y fue fundamental para llevar a cabo el proceso de organización
nacional.
En 1871 se dictó la ley de subvenciones
escolares que sistematizó la ayuda económica de la Nación a las
provincias.
En 1880 se convirtió a Buenos Aires en Capital
Federal de la Nación Argentina. Todos los establecimientos y edificios públicos
del municipio de Buenos Aires quedaron bajo la jurisdicción de la
Nación.
En 1884 se sanciona la ley 1420 de educación
común, laica, gratuita y obligatoria a nivel nacional. En 1905 el gobierno
presidido por Manuel Quintana sancionó la ley Láinez, que autorizó a la Nación a
instalar escuelas de su jurisdicción en las provincias que así lo
solicitaran.
Entre 1875 y 1905 quedó organizado el sistema
educativo argentino.
A comienzos del siglo XX se produjeron grandes
procesos inmigratorios que tuvieron como consecuencia un considerable aumento de
la matrícula de las escuelas públicas. Debido a esto desde el Estado se
promovieron políticas educativas que concientizaran y crearan un sentimiento de
pertenencia nacional en aquellas masas tan heterogéneas que constituían la
población de la época.
El paradigma educativo era "educar al hombre nacional". Para ello
se tomaron ciertos sucesos y personajes de la historia de nuestro país y se
idealizaron, transformándolos en héroes. La finalidad era que la sociedad se
identificara con los próceres nacionales.
Los docentes cumplieron un rol fundamental en
cuanto a la transmisión de estos contenidos, eran patriotas, enseñaban con
convicción la historia como la geografía y los símbolos de la Nación, pero
reclamaban su derecho a diseñar las ceremonias escolares y a crear los homenajes
cívicos.
Como reacción al positivismo, que tuvo su auge
en la década de 1880, surgieron nuevas metodologías, como es el caso de la
escuela nueva. Esta proponía un modelo de escuela que se acercara más a la
comunidad, contemplara las características psicológicas de los chicos e
introdujera la experimentación sin dejar de lado los contenidos científicos ni
los aportes de las didácticas específicas de la lecto-escritura y del
cálculo.
En 1930 se produce el derrocamiento del
presidente Hipólito Yrigoyen y asume Uriburu, que inaugura una metodología
ilegítima y violenta de acceso al poder. La educación en ese momento se centró
en la moral y la espiritualidad, dándole nuevamente un papel fundamental a la
formación religiosa. Se intentó fomentar la conciencia anticomunista e impulsar
la gestión privada. El paradigma educativo era "educar al hombre
sometido".
Durante la presidencia de Agustín P. Justo se
persiguieron las ideologías no coincidentes con las políticas impartidas desde
el gobierno. Se produjo el sometimiento de los docentes a las imposiciones
gubernamentales, desprestigiando el valor de la educación y menguando las
individualidades de los ciudadanos de la Nación.
En cuanto a la enseñanza técnico-profesional del
nivel medio, durante los años de la presidencia de Justo, se crearon o
transformaron escuelas normales regionales, escuelas prácticas del hogar,
comerciales y de orientación regional.
Cuando el peronismo llegó al poder, el sistema
educativo argentino vivía una crisis de crecimiento, mucha gente quería aprender
oficios, capacitarse como operario o empleado y cursar carreras técnicas. Las
mujeres querían estudiar, los empresarios necesitaban personal capacitado, los
inmigrantes del interior que llegaban a la Capital requerían atención
educacional. En el poder educativo avanzó el nacionalismo católico. El paradigma
educativo correspondiente a este período es "educar al hombre trabajador
masificado".
Al comenzar el gobierno de Perón, la docencia
estaba llena de demandas que no habían sido satisfechas por el régimen liberal,
por consiguiente fue necesario consensuar una relación estable entre el gobierno
y los trabajadores de la educación. Para ello se organizó desde el Estado un
sindicato oficialista, la Unión de
Docentes Argentinos (U.D.A.) y en 1954 se promulgó el Estatuto del Docente Argentino del General
Perón que se implementó a nivel nacional. El nuevo estatuto no fue del todo
aceptado, ya que aunque en él se consideraba las demandas de los sectores
educativos se cometió el error de teñir el documento con un tono
partidario.
La reforma del sistema escolar llevada a cabo
introducía criterios nacionalistas democráticos y daba mucha importancia a la
educación práctica, relacionando la enseñanza con el medio social, el desarrollo
económico y las ideas del partido dominante.
Durante el Primer Plan Quinquenal se destaca la
búsqueda de una filosofía educacional que equilibre materialismo e idealismo y
que haga compatible el principio de democratización de la enseñanza. Consideraba
problema de Estado la promoción y el enriquecimiento de la cultura nacional para
lo que se preveían dos vías principales para la acción cultural, por la
enseñanza y por la tradición.
Se buscaba condensar en una propuesta pedagógica
la educación del espíritu, la instrucción para el trabajo, la vinculación con la
realidad circundante y la formación del hombre para la
Nación.
La reforma del primer gobierno peronista
pretendía erradicar la discriminación. Por un lado, se daba una respuesta sin
precedentes por su magnitud a la demanda de educación de los sectores
populares.
En 1949 se retrocedió con las propuestas del
Primer Plan Quinquenal. El Estado pasó a desempeñar un papel subsidiario en
cuanto a educación. Con la reforma de la Constitución de ese año se interrumpió
la gestión de un modelo pedagógico nacionalista popular, tendió a unificar a
nivel nacional los currículum y a adaptarlos a las necesidades del desarrollo
nacional. Detrás de dicha reforma estaba la valorización de la educación laboral
como parte de la planificación del desarrollo del Estado. Como consecuencia de
esto se crearon numerosos establecimientos de educación
técnica.
La política de asistencia social de la fundación
Eva Perón estuvo vinculada a la incorporación de la mujer a la vida política y
puso en peligro el poder de la Iglesia Católica que se sostenía mediante la
beneficencia y las obras de caridad. El peronismo le fue ganando terreno a la
Iglesia y no tardó en estallar un conflicto que se manifestó fuertemente en el
tema educacional, éste culminó con la supresión de la enseñanza de la religión
en las escuelas públicas.
En cuanto al rol docente podemos decir que
mantuvo su tradicional función de transmisor de las ideologías dominantes y
políticas de Estado, pero en este caso obtuvo ciertos beneficios que paliaban a
las insistentes demandas. Evidentemente se produjo una revalorización de la
incidencia del maestro en la sociedad por lo que se lo utilizó como elemento
propagandista.
Con el estallido de la Revolución Libertadora y
la asunción de Lonardi y posteriormente Aramburu, se produjo la
desestructuración del montaje pedagógico peronista.
En 1958 asumió Arturo Frondizi. Durante su
mandato, la meta de la educación fue preparar recursos humanos para el
desarrollo. El paradigma educativo de la época es "educar al hombre tecnicista".
A pesar de las claras intenciones de la
educación durante ese gobierno, evidentemente los medios utilizados para
llevarlas a cabo no fueron muy eficaces, ya que no tuvieron la incidencia
esperada en la sociedad.
El gobierno frondicista ordenó la cuestión
docente, impulsó la teoría de planeamiento, comenzó la transferencia de escuelas
nacionales a las provincias y favoreció a la educación
privada.
En el transcurso de la presidencia del Dr.
Illia, la acción educacional se basó en la apertura democrática del campo
educacional. El paradigma educativo era "educar al hombre democrático real".
Durante este período hubo un importante aumento de escuelas, alumnos y docentes
en todos los niveles. Illia mantuvo la política educativa peronista, que
extendía la educación a los sectores excluidos, lo que tuvo como consecuencia el
aumento de la demanda sobre la enseñanza media y superior. En algunos casos el
rol docente se vio enriquecido por la influencia de nuevas corrientes
pedagógicas, con la incidencia del psicoanálisis y la psicología social que
permitieron a los maestros abordar nuevas metodologías de trabajo, relacionando
la educación con el tiempo libre.
Luego de la presidencia del Dr. Illia, entre los
años 1966 y 1976, se sucedieron en el poder gobiernos democráticos y de facto:
Juan Carlos Onganía (1966-1970), Roberto Levingston (1970-1971), Alejandro
Lanusse (1971-1973), Hector Cámpora (1973), Raúl Lastiri (1973),
Juan Domingo Perón (1973-1974), María Estela
Martínez de Perón (1974-1976).
En el año 1976 se produce el golpe militar que
instaura en nuestro país una política basada en la violencia y el autoritarismo.
El paradigma educativo es "educar al
hombre censurado".
El restablecimiento del orden y la seguridad, la
modernización del país mediante la reforma del Estado y la vigencia del mercado
como mecanismo regulador, el saneamiento moral mediante la lucha contra la
corrupción y especulación, y la reforma del sistema educativo en dirección a
transmitir normas y valores que garantizaron la vigencia del modelo autoritario,
son los principales objetivos que se fijó el gobierno del
proceso.
Se produjo durante este periodo un vaciamiento
de contenidos sustantivos para reemplazarlos por formas que tendían a socializar
niños y jóvenes de manera autoritaria, jerarquizada y discriminatoria. La
educación cumple un rol político centrado en la concepción de que el orden y la
disciplina debían convertirse en funciones mas importantes que el proceso de
enseñanza-aprendizaje.
Una de las leyes sancionadas durante el régimen
militar fue la ley de transferencia de las escuelas primarias a las
jurisdicciones, se realizó con una lógica economicista y no con el objetivo de
dotar de mayor autonomía a las jurisdicciones. El proceso de transferencia
significó un aumento de la segmentación regional del servicio
educativo.
Con este gobierno fueron echados abruptamente
del sistema educativo los nuevos pobres y se produjo un aumento de la deserción
escolar y la repitencia. Hubo una reaparición del
analfabetismo.
El período se caracterizó por la clausura
definitiva de los proyectos educativos democráticos y por la represión a
funcionarios, maestros y estudiantes.
El rol docente estaba sumamente restringido ya
que los maestros y profesores no intervenían en la formulación de objetivos,
caracterizaciones y contenidos. La función de estos consistía en educar
utilizando la modalidad tradicionalista y respetando al pie de la letra los
contenidos establecidos en el curriculum. Muchos de los trabajadores de la
educación estaban amenazados, presos o exiliados; otros fueron
asesinados.
La dictadura dejó a nuestro país con un saldo de
desnutrición, analfabetismo, deserción escolar, escuelas destruidas, docentes
con salarios de hambre, universidades desmanteladas.
A partir de 1983, durante la presidencia de
Alfonsín, la función política principal de la educación estuvo dirigida a
eliminar el orden autoritario a partir de la transmisión de valores
democráticos. El paradigma educativo de este momento era "educar al hombre en
democracia".
El objetivo era generar una cultura
participativa por parte de la ciudadanía. Reconstruir las escuelas como ámbitos
de convivencia democráticos era una de las tareas prioritarias del nuevo
período, también era sumamente importante que se produzca una reforma de los
contenidos orientada a elevar la calidad de la educación, lamentablemente esto
último no fue llevado a la práctica. Se modificaron las formas pero no los
contenidos.
La recuperación de la democracia significó la
recuperación del rol del Estado docente, pero en realidad el efecto
democratizador de la intervención estatal en las escuelas fue parcial ya que no
estuvo acompañado de políticas educativas que brinden reales posibilidades de
acceder a un educación de calidad para todos los
ciudadanos.
La política educativa del gobierno de Raúl
Alfonsín desplegó las intenciones modernizantes y participativas sobre el
autoritarismo.
En esta época sucedieron algunos hechos que
marcaron decididamente a la educación: por un lado el sistema democrático no
estaba consolidado tan fuertemente como el gobierno deseaba inculcarle a la
sociedad y esto se vio reflejado en la promulgación de las leyes de Obediencia
Debida y Punto Final. Por otro lado se produce el derrumbe del sistema económico
argentino. El gobierno seguía cada vez mas los dictados del Fondo Monetario
Internacional aumentando ampliamente la deuda externa hasta llegar al déficit
económico. Como consecuencia de esto el porcentaje de pobreza en la población
había aumentado hasta llegar al 47%. La hiperinflación fue el factor
determinante que produjo el quiebre del sistema escolar.
La pauperización de numerosos sectores trajo
aparejado la instalación del hambre dentro de las aulas y salarios docentes
extremadamente bajos. A partir de estos sucesos históricos se abrió una nueva
pagina dentro de la educación argentina: la función asistencialista de la
escuela que toma de aquí en adelante un papel lamentablemente fundamental en la
sociedad.
En este sentido el rol docente ha sido signado
por este incipiente asistencialismo, lo que llevó a que los tiempos destinados a
la formación educativa de los alumnos sean compartidos con otras tareas
relacionadas con la labor social.
A partir del año 1989 asumió la presidencia de
la Nación Carlos Saúl Menem. La política educativa de su gobierno se ajusta
explícitamente a las directivas del Banco Mundial y a un programa económico
neoliberal cuyo fin es ir saldando la deuda externa con fondos extraídos del
presupuesto educativo.
La estrategia de este gobierno consiste
básicamente en la supresión del presupuesto educativo, liberando al Estado de la
responsabilidad de sostener la educación, arancelamiento gradual de todas las
instituciones y reducción del sistema de educación pública. Afortunadamente este
plan maquiavélico no se ha llevado a cabo. Igualmente las decisiones tomadas
desde el ministerio de economía se hicieron notar en la sociedad, trayendo como
consecuencia el empobrecimiento del sistema educativo (debido a la reducción del
presupuesto) inconveniente que se suma al problema ya existente, el
empobrecimiento de los sujetos que integran dicho sistema.
El paradigma educativo durante este gobierno fue
"educar al hombre individual,
competitivo y exitista".
En la Convención Nacional Constituyente de 1994
se decidió establecer en el artículo 75 la distribución de la gratuidad en forma
equitativa eliminando el derecho universal a la enseñanza gratuita. Por otro
lado la ley Federal de Educación
trae a nuestros días un modelo semejante a las propuestas conservadoras
de principio de siglo, el modelo que implementa ha sido aplicado en España desde
finales de la dictadura de Franco hasta la década del ´80. Esta ley satisface la necesidad
gubernamental de mantener buenas relaciones con el sector empresarial, ya que
tiende a subordinar la educación a sus intereses convirtiendo la escuela en una
bolsa de trabajo abaratado.
Tanto la Ley Federal como la reforma del
artículo 75 de la Constitución conforman el marco legal que da lugar a la
implementación de la estrategia de ajuste de la educación, dentro de la política
económica neoliberal.
Sobre esta base histórica, el rol docente en la
actualidad no se limita a cumplir una única función como se observaba en épocas
anteriores, sino que es una confluencia de múltiples factores internos y
externos que lo llevan a tener que adaptarse a la situación actual teniendo en
cuenta los modelos pasados.
Durante las dos últimas décadas la función
docente que más se intensificó en nuestro país fue el asistencialismo. Desde
aquí podemos desprender múltiples formas de posicionarse frente a esta
necesidad, cada vez más arraigada en nuestra sociedad. La mayoría de las
escuelas públicas de Argentina cumplen una función asistencialista dentro de la
comunidad educativa, en mayor o menor escala de acuerdo a las necesidades de sus
miembros. Aquí es donde el docente tiene un papel principal dentro de la toma de
decisiones. En manos de él se encuentra depositada la posibilidad de responder a
las exigencias del medio o no.
Consideramos que hoy por hoy, los maestros se
encuentran en una posición en la que resultan ser uno de los sectores más
castigados por las políticas del Estado. Paradójicamente en la sociedad cumplen
una función primordial, incluso llegan a ocupar el lugar de otros agentes
sociales que no son capaces de asumir sus responsabilidades.
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Conclusión
Habiendo investigado acerca del rol docente a lo
largo de la historia y los correspondientes paradigmas podemos arribar a las
siguientes conclusiones:
Evidentemente el lugar que ocupa el docente en
la sociedad actual es el de asistente social, función sumamente ardua y difícil
de administrar. Consideramos fundamental que el maestro no olvide cuál es su
verdadera tarea: la educación sistemática. Es importante que cada docente
intente encontrar un equilibrio entre su función educativa y la necesaria
función asistencialista. Creemos primordial la formación de maestros capacitados
para enfrentarse con este tipo de problemáticas (necesidades socioeconómicas),
como así también comprometidos con su tarea, ya que debe ser capaz de discernir
entre su función real y la impuesta socialmente. Nuestra postura frente a la
problemática asistencialista escolar es que la solución que encontramos posible,
para permitir al docente cumplir la función que le corresponde, está únicamente
en manos del Estado, que debe crear, indefectiblemente, puestos de trabajo para
reivindicar la situación económica de la mayoría de las familias
argentinas.
El Estado debe proveer a los establecimientos
públicos de las herramientas necesarias y útiles para que cada docente pueda
cumplir con sus tantas tareas preocupándose por los problemas que verdaderamente
lo atañen y no por la deficiencia del sistema.
Pudimos observar que a lo largo de la historia
se repitieron en nuestro país ciertas políticas educacionales, que en la mayoría
de los casos surgían en contraposición de las vigentes. Teniendo en cuenta este
panorama creemos de necesidad imperiosa la transformación radical del sistema
educativo y la concientización de los maestros para que se produzca este cambio.
Es fundamental que los gobiernos se preocupen por generar consensos con los
trabajadores de la educación al momento de proyectarlo y sancionarlo.
Como futuros maestros argentinos tomamos todos los paradigmas educativos de la historia de nuestro país, como elementos de aprendizaje para configurar nuestras posturas pedagógicas y como herramientas para comprender ciertas situaciones actuales, relacionadas con las políticas educativas, cuyos orígenes se remontan a años anteriores.
Más allá de nuestra práctica como docentes en el día a día,
creemos que es fundamental no perder la visión de conjunto. El trabajo dentro
del aula debe –a nuestro parecer– contar con una profunda reflexión sobre la
naturaleza de la escuela vista dentro de la sociedad, alejándonos de esa visión
reduccionista que ve a la escuela como una isla. Esta institución forma parte de
un conjunto de otras instituciones, está enmarcada en una determinada sociedad,
donde rigen determinados valores, donde concurren determinados alumnos, que a su
vez forman parte de determinadas familias. Del mismo modo, los docentes también
forman parte de ese todo al que llamamos sociedad. Por lo tanto, si bien nuestro
trabajo de docencia no debe olvidar los contenidos específicos de ese trabajo
–con todo lo que esto implica– creemos que es vital comprender las distintas
relaciones que se tejen al interior de la escuela, así como aquellas entre la
escuela y el resto de la sociedad.
Por último, nos interesa recalcar el hecho de que aunque la
escuela forme parte de una red de instituciones que sirven a determinados fines
–los de reproducción de la sociedad en la que vivimos– esto no implica
necesariamente la imposibilidad de torcer ciertos límites, aprovechar los
resquicios que el poder deja abiertos, y filtrar a través de esas rendijas la
construcción de una hegemonía alternativa. Es nuestra tarea, como docentes,
luchar por la flexibilización de esos espacios e intentar revertir los
mecanismos de dominación apropiándonos de ellos para la consecución de una
sociedad más justa.
Bibliografía
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