Violencia en la escuela

Motivación

 Comenzar la carrera docente implica comenzar a pensar acerca de la verdadera función de la escuela y del rol del maestro. Reflexionar acerca de esto requiere centrarse en las problemáticas que hoy afronta la educación y una de ellas es la violencia, factor que condiciona al aprendizaje. Por esto creemos pertinente realizar un pequeño análisis del tema y tratar de adentrarnos en este conflicto para ampliar nuestra visión sobre el asunto y adquirir así las herramientas para modificarlo.

Violencia desde la escuela

Desde hace varios años atrás la violencia se ha convertido en moneda corriente en las escuelas, al punto que lo que antes era un hecho sorprendente, hoy no es más que una anécdota.

Para comprender las situaciones de violencia debemos reflexionar sobre ellas. La problemática de la violencia debe ser pensada teniendo en cuenta el contexto social, esto es, el marco en el cual se desarrolla la vida de la institución escolar y las relaciones que en ella existen.

Al analizar la estructura interna de la escuela, es decir, las relaciones que se dan en la institución escolar, es necesario aclarar que no hay víctimas ni victimarios; la violencia no sólo oprime al chico sino también que envuelve al docente.

Nuestro sistema educativo es una estructura jerarquizada, rígida, que data de muchos años, donde las instrucciones son dictadas desde arriba, que tiene sus víctimas y sus instrumentos tanto en el docente como en el alumno. No se apunta a las necesidades ni del docente ni del alumno. Nuestra experiencia cotidiana nos hace saber que en las escuelas existen relaciones de poder, que hay un desempeño de autoridad de los directivos y de los docentes, que en muchos casos se sigue privilegiando el modelo pedagógico “tradicional” y que son elementos que tienen que ver con la dinámica institucional y que pueden incidir para que la violencia se potencie o para que se produzcan cosas que den lugar a la violencia. Entonces lo que favorezca o desaliente la existencia de la violencia será las relaciones que existen dentro de la institución escolar.

En relación con esto, encontramos el hábito de los docentes es la de calificar a los alumnos según constructos (como por ejemplo conversador- callado; inteligente- no inteligente; prolijo- desprolijo; creativo- no creativo; colaborador- caprichoso, etc.). Estos constructos marcan el rol que el alumno ocupará tanto en su relación con la maestra como con sus compañeros; según estas calificaciones arbitrarias serán vistos por los demás y en función de ellas actuarán.

Resulta esclarecedor remitirnos a un ejemplo. Un niño catalogado de “Buena conducta” es, según una maestra consultada “el  niño ordenado y que continua formando hábitos de corrección”. Mientras que el “conversador” “es el niño que se distrae y distrae a sus compañeros conversando sobre cosas ajenas al tema del cual se esta hablando”. De este modo, el niño catalogado de conversador será muchas veces reprimido en cuanto desee acotar algo o castigado sin razón. Los chicos bien vistos por la maestra (con constructos favorables) tendrán mas libertad dentro del aula y serán tratados con menos rigor que los chicos con constructos desfavorables. Por otra parte la maestra estará vigilando más a estos chicos y estar lista para castigarlos.

Acorde a esta concepción, es usual que los docentes acomoden a los alumnos en el aula acorde a sus necesidades. Esto quiere decir que los chicos serán ordenados según la necesidad de los maestros, muchas veces no apelando al propósito didáctico sino al represivo, es decir los docentes sentarán a los chicos “conversadores” juntos como una forma de poder diferenciarlos y controlarlos.

A partir de esto, podemos decir que la disciplina y su control constituirán entonces los motivos principales que, para nuestra maestra, darían cuenta de la ubicación de los alumnos en su clase. Esta ubicación no define entonces un espacio físico sino, y sobre todo, un espacio simbólico. De hecho, continuando la línea de pensamiento de Foucault: “La disciplina procede ante todo a la distribución de los individuos en el espacio”. Para este autor es un procedimiento que permite en cada instante vigilar la conducta de cada uno de los individuos, apreciarla, sancionarla, medir las cualidades o los méritos.

Lo que pretendemos explicar es que existen diversas formas de violencia y distintos actores de la misma. Un elemento siempre presente en las escuelas y que puede favorecer a la violencia o no, según sea tratado; es la imposición de normas tanto en el aula como en el ámbito total de la escuela. Hay normas para los tratos entre: alumnos, docentes, directivos; y normas para los tratos entre todos, esto es las actitudes aceptadas y las que no lo son.

Estas normas o pautas de comportamiento impuestas arbitrariamente y pueden llevar a la violencia y por ende hacia un no aprendizaje. Lo importante es que hacer con estas pautas, como favorecer un aprendizaje con ellas, como consensuarlas o hacerlas diarias. Por ejemplo una norma es “compartir los útiles” por supuesto puede ser creada por los alumnos, pero ¿que se hace ante el no cumplimiento de tal pauta? ¿Se expulsa al agresor de la actividad que se esté realizando produciendo así una exclusión, se obvia el hecho y se continúa, se detiene todo y se charla?. Las opciones son ilimitadas, pero aquellas que favorecen el aprendizaje son sin duda las que no ejercen violencia. De hecho, hay escuelas donde los chicos están entusiasmados en diversos proyectos donde son protagonistas, donde son partícipes, donde pueden canalizar sus energías, y en estos lugares es más difícil que aparezcan casos de violencia generando un clima de aprendizaje más favorable.

De todos modos, la escuela es una construcción social específica y en cada una de ellas se van a desarrollar prácticas particulares que van a tener un modelo disciplinario o el modelo pedagógico que comparte esa comunidad educativa.

Nuestro trabajo como docentes debe apuntar a que el sistema no nos oprima a nosotros ni a nuestro educandos, así que hay que actuar para revertir esta situación, y tener en cuenta cual es la relación de los actores que intervienen en el proceso de enseñanza – aprendizaje.

 

En otras palabras, podemos decir que la actitud del docente frente a la clase, su concepción de enseñanza y de participación son fundamentales en cuanto a la generación y la reproducción de la violencia o a la erradicación de la misma. Si  bien sabemos que no existe un modelo óptimo de enseñanza y que ésta depende de cada situación, creemos conveniente analizar las distintas actitudes y metodologías implementadas por los docentes para determinar cuál es el modelo a seguir más conveniente.

Siguiendo el análisis de Lembo, existen diferentes modelos de enseñanza de acuerdo con la metodología y la dinámica que implementa el profesor con respecto a la clase. En relación con esto,  establece la diferencia entre un profesor “competente” y uno  “incompetente”.

Un profesor competente debe situar a los alumnos en una relación abierta y de confianza con la capacidad de escucharlos y aceptarlos. Tiene que diagnosticar las preposiciones del alumno, para que pueda aprender, planteando y coordinando diferentes procesos para  ayudarlo. Un factor fundamental consiste en saber escuchar a los alumnos.

Consideramos que el docente tiene una escucha selectiva cuando seleccionando y descarta los mensajes amenazadores para él, transgrediendo lo que el alumno dice, distorsionando su auténtico significado. En el sentido contrario, un profesor competente debe escuchar, aceptar y comprender las demandas de los alumnos, desarrollando una relación de confianza y escucha exacta y sensible, permitiendo a los alumnos expresar sentimientos y creencias sin ser criticados ni condicionados.

Por lo tanto, un profesor competente debe desaprobar el comportamiento poco sincero, destructivo e injusto, aceptando la existencia de comportamientos alternativos. En cuanto el docente no tenga la posibilidad o la capacidad de experimentar nuevas formas se convierte en un inválido. Se apoya en técnicas coactivas y en verdades manifiestas del culto a la educación para ser sus muletas.

Un profesor incompetente impone su modo de pensar, sentir y actuar frente a los alumnos. Esta imposición tiende a “tapar” el pensamiento propio del alumno y no a modificarlo según una construcción significativa del mismo genera, a largo plazo, se canalizan en muchos casos de modo violento, generando una situación tensa.

Tradicionalmente, la forma de controlar los comportamientos violentos o inapropiados ha sido mediante castigos y sanciones. Este es otro modo de “tapar” los problemas, generando a su vez más violencia sin buscar una verdadera solución.

 

Violencia hacia la escuela: una resolución desde el aula

            Sin embargo, en vez de “taparlos“, deberíamos plantearnos cuáles son las causas que desatan la violencia.       David Johnson y Robert Jonson plantean a la violencia escolar de los últimos como resultado de tres factores: los cambios en los patrones familiares que producen un aumento de la soledad de los niños, la aceptación de la violencia como un hecho normal y el fácil acceso a armas y drogas.

La escuela, a la hora de proponer soluciones a este problema que se le presenta, suele tener uno de estos puntos de vista: se trata de expulsar a aquellos alumnos estigmatizados como violentos y desmotivados para favorecer el aprendizaje de los “buenos alumnos” o considera que la escuela debe tratar de integrar a todos los alumnos. En cualquier caso, está claro que este es un problema del que la escuela debe ocuparse ya que es difícil establecer una situación de aprendizaje real si se teme por la propia seguridad.

Al proponer una solución, los autores tienen en cuenta dos aspectos: debe pensarse en la prevención tanto como en el aprendizaje de resolución de conflictos. En cuanto al primer punto, es importante plantearse metas que realmente puedan ser alcanzadas por la institución. Pensar en que un programa de prevención en determinada escuela puede disminuir los niveles de violencia de la sociedad puede llegar a ser un obstáculo en su planificación. Es necesario tener en cuenta, también, que se trata de un programa a largo plazo. Los programas que se plantean resolver este problema con un taller de dos días suelen ser ineficaces ya que se trata de transformar la conducta violenta mediante un cambio de hábitos, actitudes y perspectivas que se hallan internalizadas.

Dentro del marco de la prevención, el enseñar a cooperar y compartir es muy importante. Si pensamos que la violencia está asociada a los cambios en los modos de vida (los niños pasan cada vez más tiempo solos, en ambientes cada vez más competitivos), se trata de reconstruir ciertos lazos sociales duraderos y de confianza. En este marco pueden plantearse la formación de equipos de aprendizaje cooperativo, en donde varios alumnos trabajen juntos durante gran parte del día con la ayuda del maestro como coordinador. Es claro que la propuesta de los autores es integrar la prevención de la violencia en las actividades cotidianas. No se trata de realizar un día contra la violencia. Otra estrategia planteada es la de reducir el tiempo fuera de la escuela mediante la realización de talleres y actividades extraescolares que llamen la atención de los alumnos, que tengan que ver con sus intereses. Estas actividades apartarían a los chicos de las influencias negativas de la calle

Las escuelas deben, así, valorizar el conflicto. Este constituye un resultado inevitable de las prácticas humanas ya que se produce cuando la actividad de alguien es incompatible con la de otra persona. Se produce un conflicto de intereses. Aprender a resolverlos sin agresión es, por tanto, muy importante para la vida. Resolverlos permite aprender a relacionarnos mejor con los demás.

Un primer paso en este aprendizaje tiene que ver con el establecimiento de normas y pautas claras de conducta.  Estas normas no tienen porqué ser pensadas de un modo únicamente restrictivo como en el ejemplo anteriormente citado, pudiendo ser vistas también  como posibilitadoras de la convivencia grupal. Es necesario que estas normas se hagan explícitas y la mejor manera de lograrlo es construyéndolas colectivamente. El maestro o la maestra pueden proponer algunas reglas y los alumnos pueden debatir acerca de cuáles les parecen más adecuadas, al tiempo que pueden proponer otras nuevas. Con esta estrategia se busca una orientación común.

Por otra parte, hay que establecer un entrenamiento en resolución de conflictos que involucre a toda la comunidad escolar, no se trata únicamente de formar mediadores específicos, líderes que sepan mediar. Desde nuestro punto de vista, esto no haría sino empeorar la clasificación entre los buenos y los malos alumnos. Se busca conseguir que los alumnos autorregulen sus conductas y las de sus compañeros  y que no sea necesario recurrir constantemente a alguna autoridad para establecer recompensas o castigos.

La negociación es un proceso mediante el cual se trata de llegar a un acuerdo cuando hay un conflicto de intereses. La perspectiva que debe adoptarse no es la de vencer al otro y perjudicarlo sino la búsqueda del beneficio mutuo. Debe encontrarse una solución integrativa mediante el establecimiento de normas comunes para negociar. Este proceso comienza con la descripción de los intereses, deseos y necesidades de cada uno de los involucrados en el conflicto.

Es también importante aprender a verbalizar y poner nombre a los propios sentimientos, controlando la agresividad pero no el enojo. Los intereses y sentimientos deben ser expuestos de un modo claro. Mediante este proceso, se intenta favorecer la escucha mutua, aumentando la cooperación y la confianza entre los compañeros. Al mismo tiempo, se mejora el diálogo interpersonal, favoreciendo seguramente al grupo en su conjunto. Debe estar claro durante todo el proceso que se trata de un problema mutuo que debe de forma conjunta. Los intereses sostenidos  deben ser justificados de un modo racional ya que no se trata de establecer soluciones caprichosas o arbitrarias. Deben plantearse distintas alternativas y hacerse una selección conjunta.

El aprendizaje de la negociación es muy importante, entonces, ya que permite resolver el conflicto de un  modo constructivo. Permite mejorar las relaciones personales, como el aprendizaje de la argumentación racional. Favorece la creatividad para la búsqueda de soluciones y se establece claramente que siempre hay más de una alternativa. Siempre es posible elegir. Este aprendizaje debería ser incluido dentro de las actividades cotidianas de la escuela. La búsqueda de  comprensión del otro, la apertura al diálogo es un aprendizaje para toda la vida.

Como dice Silvia Bleichmar: “ la escuela tiene un papel protagónico en la producción de pensamiento y tiene que ser agente de producción de subjetividad y de inteligencia, es decir, de sujetos sociales capaces de desarrollar relaciones con el semejante y de conservar proyectos propios.” Pág 25 Todos tenemos el derecho a aprender a convivir con el otro en un clima de respeto mutuo.

 

Al pensar en la búsqueda de soluciones contra la violencia, no podemos pensar a la escuela como un elemento aislado del resto de la sociedad; es importante trabajar para que los valores que intentamos construir y transmitir desde este espacio, no se encuentren con el vacío cuando los chicos vuelen a sus casas. Por eso, creemos fundamental articular el trabajo de los chicos con los padres en particular y con la comunidad en general.

            El encuentro con los padres muchas veces resulta insuficiente cuando se trata de reuniones informativas o reflexivas con docentes y autoridades. En estos casos, suele darse que los padres muchas veces no asisten, no por falta de interés sino porque les resulta complejo acercarse a un espacio participativo desde el discurso.

            Por lo tanto, proponemos buscar nuevos vínculos para generar una relación entre padres y escuela en donde los padres no asistan como meros oyentes sino que tomen un lugar participativo en el trabajo con los chicos, que se les permita conocer cómo trabajan sus hijos a diario, cuáles son sus motivaciones y cómo son sus relaciones personales con pares y docentes. Es bueno que los padres puedan conocer esto por el contacto y la vivencia directa y no porque alguien se los cuente.

            Con esto estamos diciendo que para vincular a los padres con el aprendizaje en contra de la violencia escolar, y por tanto social, resulta mucho más fructífero relacionarlos con las actividades cotidianas de aprendizaje al respecto  que con charlas informativas y ajenas. La transmisión de los valores comienza desde el ejemplo y no desde el discurso; realizar actividades en conjunto trabajando desde la cooperación es la mejor manera de aprender.

            En relación con esto, proponemos convocar a los padres (y en los casos en que no se acercan a la escuela, que generalmente son muchos, ir a buscarlos) para realizar diferentes actividades que genere la escuela, y convocarlos a un espacio donde ellos también puedan proponer. Un ejemplo podría ser el dictado de un taller vinculado con alguna habilidad de ellos, una clase para los chicos de algún tema que los padres manejen, trabajos en el barrio como podrían ser plantaciones de árboles, jornadas artísticas, donde se combinen la plástica, la música, el teatro y la danza, compartir momentos de películas para entablar debates a cerca de las concepciones de cada uno, etcétera. La idea es que los padres también puedan hacer de la escuela un espacio de aprendizaje y enseñanza, y se conecten con sus hijos de otra manera. Sostenemos que este tipo de espacios favorecen e aprendizaje, siendo más significativo para los chicos y para la comunidad en general.

            La crisis que atraviesa el país, la desocupación y el hambre generan cada vez más situaciones de violencia en las casas que a la vez se reproducen en la escuela. Tal vez, ésta sea una manera de generar vínculos distintos, de colaboración, solidaridad y tolerancia, a partir de generar el interés en los otros.

 

Así como la escuela no es un espacio aislado de la sociedad en general, los distintos grados también conforman una pequeña comunidad, que debería funcionar como una unidad. Sin que cada grupo pierda sus particularidades, proponemos  fomentar el trabajo “inter-grados”, combinando distintas edades según determinados objetivos. Este tipo de proyectos tiene que surgir de los docentes y los directivos en conjunto.       

Creemos que trabajar para esta integración favorece el aprendizaje colaborativo, el compañerismo y evita las situaciones de violencia que se producen a diario. Si los docentes, por ejemplo, se propusieran trabajar la integración entre los chicos de los diferentes grados, podrían crear otro tipo de relación y modificar  el conflicto que suele darse por el espacio en el patio durante los recreos, generando un juego que integre a los chicos.

La función primordial de la escuela es enseñar. Cuando las situaciones conflictivas exceden la capacidad de acción de los maestros y directivos y perjudican el aprendizaje de los chicos, la escuela tendría que tomar la iniciativa de consultar a especialistas para solucionar estas problemáticas, como psicólogos, licenciados en educación, recreólogos, etcétera.

Un ejemplo que nos resulta interesante mencionar es el de una chica que ingresó en una escuela publica en un quinto grado. Luego de una dificultosa adaptación la niña fue mejorando su rendimiento hasta el punto de ser escolta por sus calificaciones. Ante este éxito logrado por ella, un compañero que hasta ese momento era tradicionalmente el elegido para ser escolta se enojó muchísimo y comenzó a promover la creación de un club en su contra. Para formalizar este proyecto, elaboraron un formulario de admisión para los socios ingresantes. Ante el creciente malestar del grupo, la coordinadora decidió realizar una actividad en la cual algunos alumnos debían tomar roles agresivos frente a otros que jugaban a ser alumnos nuevos, con el objetivo de vivenciar el ingreso de un alumno a un grupo preformado y el efecto que esto producía. La directora pensó que el niño enojado que organizó la agrupación debía ser tomado como un problema individual y ser derivado a una consulta psicológica. A su vez, la escuela consulto con una psicoanalista quien sin negar la necesidad de tratar individualmente al chico, propuso correrse del supuesto que hiciese recaer toda la responsabilidad del hecho sobre le líder negativo e invito a plantearse nuevos interrogantes: ¿por qué solo varones lo siguieron?, ¿por qué con ese nivel de organización al servicio del rechazo y el odio?, ¿qué factor jugaban los celos por la atención especial que había recibido esta niña?.

Esta mirada, como la de algún otro especialista amplían el campo de reflexión y análisis por parte de la escuela, y permiten ampliar el campo de resolución de conflictos.

 

La violencia no sólo perjudica el aprendizaje en el aula y en la escuela en general, sino que impide establecer relaciones con otras personas. Creemos que la mejor manera de trabajar sobre el tema es plantear espacios que reflejen y hagan vivenciar a los chicos cuanto mas agradable es el aprendizaje en ámbitos sin violencia. Y la creación de espacios como los antes mencionados son algunas propuestas para pensar estas cuestiones y tratar de revertirlas, sin quedarnos en la reflexión pasiva.

 

 

 

 

Conclusión

Enseñar es la función primordial de la escuela. Observamos que hay muchos factores que condicionan el aprendizaje de los chicos, como las distintas actitudes docentes, los directivos, la situación social y económica del país, etc.

Todas estas cuestiones se traducen muchas veces en situaciones violentas de la escuela. Desde el autoritarismo ideológico hasta la violencia física se manifiestan hoy en las aulas.

Creemos necesario reflexionar acerca de estas problemáticas para mejorar las condiciones de enseñanza y aprendizaje. Proponemos distintas alternativas de trabajo, ya sea con especialistas en educación, iniciativas con la comunidad, con los propios alumnos y mediante la reflexión del docente acerca de sus estrategias de aprendizaje.

Como futuros docentes no podemos desconocer estas realidades que hoy atraviesan a la escuela argentina, pero tenemos que proyectar un espacio distinto donde sea posible crecer y aprender de otra manera y, que a la vez, nos permita proyectar una sociedad distinta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía