Modelos
atómicos
Desde la Antigüedad, el ser
humano se ha cuestionado de qué estaba hecha la materia.
Unos 400 años antes
de Cristo, el filósofo griego Demócrito consideró que la
materia estaba constituida por pequeñísimas partículas que no podían ser
divididas en otras más pequeñas. Por ello, llamó a estas partículas átomos, que en griego quiere decir
"indivisible". Demócrito atribuyó a los átomos las
cualidades de ser eternos, inmutables e indivisibles.
Sin embargo las ideas
de Demócrito sobre la materia no fueron aceptadas por
los filósofos de su época y hubieron de transcurrir cerca de 2200 años para que
la idea de los átomos fuera tomada de nuevo en consideración.
Dalton
En 1808, Dalton publicó sus ideas sobre el modelo atómico de la materia las cuales han servido de base a la química moderna. Los principios fundamentales de esta teoría son:
1. La materia
está formada por minúsculas partículas indivisibles llamadas átomos.
2. Hay distintas clases de átomos que se
distinguen por su masa y sus propiedades. Todos los átomos de un elemento poseen
las mismas propiedades químicas. Los átomos de elementos distintos tienen
propiedades diferentes.
3. Los compuestos se forman al combinarse los
átomos de dos o más elementos en proporciones fijas y sencillas. De modo que en
un compuesto los de átomos de cada tipo están en una relación de números enteros
o fracciones sencillas.
4. En las
reacciones químicas, los átomos se
intercambian de una a otra sustancia, pero ningún átomo de un elemento
desaparece ni se transforma en un átomo de otro elemento.
Thompson
La
identificación por J.J. Thomson de unas partículas
subatómicas cargadas negativamente, los electrones, a través del estudio de los
rayos catódicos, y su posterior
caracterización, le llevaron a proponer un modelo de átomo que explicara dichos
resultados experimentales. Se trata del modelo conocido informalmente como el pudín de ciruelas, según el cual los
electrones eran como 'ciruelas' negativas incrustadas en un 'pudín' de materia
positiva.
La
primera evidencia de la existencia de partículas subatómicas y por tanto de
que los átomos no eran indivisibles como postulaba la teoría atómica de Dalton, se obtuvo de los estudios de la conductividad
eléctrica de gases a bajas presiones.
Los gases son aislantes para voltajes
bajos, sin embargo, frente a voltajes elevados se vuelven conductores. Cuando en
un tubo de vidrio que contiene un gas se hace parcialmente el vacío y se aplica
un voltaje de varios miles de voltios, fluye una corriente eléctrica a través de
él. Asociado a este flujo eléctrico, el gas encerrado en el tubo emite unos
rayos de luz de colores, denominados rayos catódicos, que son desviados por la acción de los campos
eléctricos y magnéticos.
Mediante un estudio cuidadoso de esta
desviación, J. J. Thomson demostró en 1897 que los rayos estaban formados
por una corriente de partículas cargadas negativamente, que llamó electrones.
Rutherford
Rutherford, basándose en los
resultados obtenidos en sus experimentos de bombardeo de láminas delgadas de
metales, estableció el llamado modelo
atómico de Rutherford o modelo atómico
nuclear.
El átomo está formado por dos partes: núcleo y corteza.
El núcleo es la parte central, de tamaño
muy pequeño, donde se encuentra toda la carga positiva y, prácticamente, toda la
masa del átomo. Esta carga positiva del núcleo, en la experiencia de la lámina
de oro, es la responsable de la desviación de las partículas alfa (también con
carga positiva).
La corteza es
casi un espacio vacío, inmenso en relación con las dimensiones del núcleo. Eso
explica que la mayor parte de las partículas alfa atraviesan la lámina de oro
sin desviarse. Aquí se encuentran los electrones con masa muy pequeña y carga
negativa. Como en un diminuto sistema solar, los electrones giran alrededor del
núcleo, igual que los planetas alrededor del Sol. Los electrones están ligados
al núcleo por la atracción eléctrica entre cargas de signo
contrario.
Los
experimentos llevados a cabo en 1911 bajo la dirección de Ernest Rutherford
modificaron las ideas existentes sobre la naturaleza del átomo. Rutherford y sus colaboradores bombardearon una fina lámina de oro con
partículas alfa (núcleos de helio)
procedentes de un elemento radiactivo. Observaban, mediante una pantalla
fluorescente, en qué medida eran dispersadas las partículas. La mayoría de ellas
atravesaba la lámina metálica sin cambiar de dirección; sin embargo, unas pocas
eran reflejadas hacia atrás con ángulos pequeños. Éste era un resultado
completamente inesperado, incompatible con el modelo de atómo macizo existente.
Mediante un análisis matemático
de las fuerzas involucradas, Rutherford demostró que
la dispersión era causada por un pequeño núcleo cargado positivamente, situado
en el centro del átomo de oro. De esta forma dedujo que la mayor parte del átomo
es espacio vacío, lo que explicaba por qué la mayoría de las partículas que
bombardeaban la lámina de oro, pasaran a través de ella sin
desviarse.
Bohr
En 1913
Bohr publicó una explicación teórica para el espectro
atómico del hidrógeno.
Basándose en las ideas previas de Max Plank, que en 1900 había
elaborado una teoría sobre la discontinuidad de la energía (Teoría de los cuantos), Bohr supuso que el átomo solo puede tener ciertos niveles de energía definidos.
Bohr establece así, que los electrones solo pueden girar en
ciertas órbitas de radios determinados. Estas órbitas son estacionarias, en ellas el electrón no
emite energía: la energía cinética del electrón equilibra exactamente la
atracción electrostática entre las cargas opuestas de núcleo y electrón.
El
electrón solo puede tomar así los valores de energía correspondientes a esas
órbitas. Los saltos de los electrones desde niveles de mayor energía a otros de
menor energía o viceversa suponen, respectivamente, una emisión o una absorción
de energía electromagnética (fotones
de luz).
Sin embargo el modelo atómico de Bohr también tuvo que ser abandonado al no poder explicar los espectros de átomos más complejos. La idea de que los electrones se mueven alrededor del núcleo en órbitas definidas tuvo que ser desechada. Las nuevas ideas sobre el átomo están basadas en la mecánica cuántica, que el propio Bohr contribuyó a desarrollar.